Sobre una planicie en las montañas cafeteras de Colombia, esta vivienda familiar se posa entre árboles nativos con una actitud de respeto. El terreno, cargado de vegetación y memoria, inspiró un encargo claro: un refugio para una familia numerosa, un lugar de encuentro, descanso y celebración, alejado de la ciudad.
El proyecto se concibe desde la lectura del paisaje. La arquitectura no se impone, Sino que se adapta la topografía. Los árboles existentes definieron el trazado inicial: límites, vacíos, visuales. A partir de una retícula base, se organiza una estructura de patios y pabellones que fragmenta el volumen en piezas autónomas —zonas sociales, privada y de servicios. unidas por un eje articulador. Así, se preserva la vegetación y se construye el vacío como espacio de transición, sombra y respiración.






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