El proyecto reconfigura un edificio existente en el Recinto del Pensamiento, en Manizales, para consolidar el segundo centro de industralización del café en el país, aticulando producción, conocimiento y recorrido en torno a la cultura cafetera. Más que un equipamiento, es una infraestructura que permite a pequeños caficultores procesar su grano, acceder a mercados de valor y participar activamente en la cadena productiva.
La arquitectura del café se organiza a través de un recorrido continuo que traduce el concepto “del campo a la taza” en experiencia espacial. Desde el Parque de los Aromas, que introduce al visitante en una transición sensorial, hasta el centro de experiencia, la sala de catación y el coffee shop, cada espacio construye una relación directa entre paisaje, cultura y proceso.
Una celosía continua envuelve el conjunto, actuando como filtro climático y visual. Esta piel regula la luz, favorece la ventilación natural y unifica la intervención, reinterpretando la tradición constructiva local desde una lógica contemporánea.
El resultado es un proyecto de arquitectura en Colombia que conecta territorio, economía y cultura, donde el café deja de ser solo un producto para convertirse en una experiencia.






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